viernes, 25 de diciembre de 2009
¿Y existe algo más mágico que el amor? El amor es tan mágico que no se explica. Cualquiera puede hacer magia, con una mirada, con una caricia, con una palabra. Podes hacer aparecer algo que parecía imposible. El amor y la magia son anónimos, no tienen nombre, ni cara ni voz, hasta que aparecen y te cambian la vida. Todos los días uno puede hacer magia. Todos los días podemos ser magos, descubrir nuestras habilidades y usarlas.
Una eleccion es una cuenta regresiva. Cuando llega a cero ya no se puede volver a atras ni arrepentirse de nada, que sentimiento extraño es el arrepentimiento ¿no? Porque ¿de qué se arrepiente uno? ¿Será posible que el arrepentimiento alcornoque lo haga a uno arrepentirse de haber sido feliz? Es un poco canalla arrepentirse del baile solo porque el baile se va a terminar ¿no? El arrepentimiento por lo que hicimos mal duele, pero el arrepentimiento por lo que no hicimos es amargo. Yo creo que hay cosas de las cuales hay que arrepentirse. No digo flagelarlos pero dejémonos de escorchar, una filosofía medio egoísta “ah, no me arrepiento de nada…”. Yo, como para dar un ejemplo, me arrepiento, y me arrepiento de no haberme arrepentido antes.
tilt
Cuando era chica mi mamá me llevaba a jugar siempre a las maquinitas. Siempre fui de enojarme fácil, como ahora. cuando jugaba un jueguito y no me salía lo que quería hacer me enojaba mucho. Si no podía pasar de nivel o derrotar al malvado me enfurecía. Si no podía ganar le pegaba a la máquina, la sacudía casi hasta romperla. Y si perdía golpeaba, sacudía y le pegaba a la maquina hasta que se tildaba. Odiaba que se me termine el juego. Yo sé que la vida es una rueda, pero odio saber que la rueda va a seguir girando sin mí. Siempre me enfureció el fin del juego, que se me acaben las vidas o que se tilde la máquina. Eso siempre me dio bronca y tristeza a la vez. Vi que es mi turno, mi fin de juego, desde que vi lo que vi estoy así, tildada. El problema no es lo que se viene sino saber lo que se viene. Yo no puedo evitar ver el futuro y no es un don, es algo insoportable. No puedo evitar pensar en la vida que va a seguir sin mí, en que solo voy a ser un recuerdo para la gente que amo. No puedo dejar de pensar en todo lo que no voy a disfrutar. No puedo dejar de pensar en lo que no voy a hacer, en lo que no voy a poder hacer nunca más. No quiero, no quiero saber que muero mañana, que muero pronto. No quiero saber que se terminan los “sí, acepto”, ni que se terminen las aventuras de superhéroes. No quiero saber que esto se termina. No quiero saber mi futuro. Hay dolores con los que no se puede vivir, dolores que te paralizan, que te bloquean, que te tildan. Vivir sabiendo que voy a morir me saca la pasión, los sueños, la ilusión, me vacía de vida. No puedo vivir con el dolor de saber que voy a morir pronto. Por eso elijo vivir con la mente en blanco, sin pasado, sin futuro, paralizada en un presente sin memoria, dormida con los ojos abiertos, tildada.
Bla, Bla, Bla
Digamos que mi cabeza es un desastre, y podría decirse que estoy totalmente jodida. ¿Y cómo se desata un nudo así? Bueno, soy psicoanalista, trabajo con las palabras, amo las palabras. Pero a veces las palabras sobran. A veces la palabra justa es esa que se calla. A veces no hay palabras. A veces las palabras se escuchan sin que sean dichas. Hay palabras que curan, y otras que matan. A veces callamos para evitar más dolor y en ese silencio aparecen las palabras que tanto necesitábamos. Un silencio, una palabra sencilla o un monologo irritante, todo habla, todo dice. Pero a veces no alcanzan ni los silencios ni las palabras, hay que ir más allá, pasar de la palabra al acto, porque el resto, el resto es puro bla bla.
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